Un largo viaje

El buque evolucionaba con pericia entre las tranquilas aguas del río, en dirección al mar. Sentado en su timón, el capitán del sampán había recorrido aquella ruta cientos de veces a lo largo de su dilatada vida y no parecía mostrar ningún temor ante la posibilidad de quedar encallado en las fangosas aguas, a merced de todo tipo de piratas que, sin duda, vigilaban estrechamente aquel tramo de la travesía.

Cómodamente sentado en un rollo de cuerda, iba su único pasajero, un hombre de edad indefinida vestido con una amplia túnica. El hombre, conocido en aquellas latitudes como El Cronista, se dedicaba a garrapatear unas cuantas palabras en un papiro antes de que el calor de la tarde y el sueño hicieran presa en él. 

Partía lejos, aunque no demasiado, rumbo a lo desconocido del ancho mar, a visitar otras tierras en su larga andadura por las dimensiones. Partía en un viaje que lo mismo podía durar semanas que años, pero lo hacía para seguir relatando andanzas, aventuras y desventuras de valerosos héroes...y de héroes más pequeños, anónimos incluso, que se levantaban todas las mañanas a poner el café y calentar las tostadas para ir a ganarse el pan. 

Partía, en definitiva, para crecer.

El Cronista tomó su pluma y empezó a escribir con letra más legible una nueva historia que se le había ocurrido.  Empezaba así:

"El buque evolucionaba con pericia entre las tranquilas aguas del río, en dirección al mar..."

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Bueno, pues no encontraba otro modo de terminar mi labor aquí que escribiendo una historia de mi personaje más logrado: El Cronista. Han sido muchos años de escribir bajo pseudónimo y ha sido divertido, pero ahora toca evolucionar y crecer. Por eso, a partir de ahora y, como en los toros, si el tiempo y la autoridad lo permiten, escribiré con un nombre que identifique a la persona detrás de la pluma del Cronista. 

Es una apuesta arriesgada, pero era necesaria desde muchos puntos de vista. Por eso, si todavía me queda algún lector por ahí, voy a dejar unas señas para que podáis encontrarme ahora y más adelante:


Y eso era todo. Es probable que las aventuras de nuestros Tyrianos más famosos se puedan encontrar publicadas más adelante en otros formatos y modalidades, redactadas de un modo más preciso y con más detalles de los que he dado en este blog. No tendrán los mismos nombres, evidentemente, pero si habéis seguido la saga, podréis identificarlos fácilmente y decir, "¡Te cacé, Cronista!"

Muchas gracias por haber seguido  "Memorias de Tyria".

Volveremos a encontrarnos. Un saludo desde tierras Tyrianas,

El Cronista de Ascalon

Un cambio (Diario de Suwo Jin)


Creo que mi labor aquí ha concluido. Los Krait supervivientes son cada día menos en número y no suponen ya un enemigo importante para las milicias locales. Los trabajos de limpieza todavía se prolongarán durante muchas estaciones, pues el mal ha sido profundo para todos, pero con el tiempo la misma Mellandru sanará las heridas que ha sufrido esta tierra por causa de la locura. Los que más han sufrido han sido los pobres Quaggan del lago. Sin hogar y con una población de peces reducida, el amable pueblo de las profundidades está abandonando estas aguas en busca de un nuevo rincón en el que volver a comenzar de nuevo.

También yo tengo ganas de dejar definitivamente estas tierras. Las nuevas traídas por los mercaderes hablan de la derrota de los destructores de la ciudad de Arco del León y son una grata noticia para todo el que las recibe, pues sólo pueden significar que la sombra de la Pesadilla no volverá a alzarse en Tyria nunca más.

Es hora de partir. Volveré a Shaemoor para ver cómo les va a los míos y luego, quién sabe, quizá me ponga en camino a las tierras meridionales de Gendarran. Nunca he estado en esas regiones del mundo y es más que probable que las ofertas de trabajo se multipliquen una vez comiencen las tareas de reconstrucción.

Un final inesperado (Diario de Amón Hoteph)



- Fuerte Charr de Ashford, Estación del Céfiro -

Todo ha sido en vano. Inspeccionamos las ruinas del Gran Muro pero apenas hallamos algunos fragmentos de textos arruinados por el tiempo. Lo que sí encontramos fueron fantasmas...

Atraídos por la esencia vital de los vivos, los fugitivos de Grenth, los espectros de los Ascalonianos que murieron en el Fuegostil defendiendo su patria, nos rodearon cuando explorábamos una de las cámaras interiores de lo que fuera el Muro del Norte. Traslúcidos y gélidos, emergían por entre las grietas de la mampostería como las moscas acuden a la dulzura de la miel deseando proseguir una batalla que perdieron hace ya siglos contra el invasor Charr. Agarramos lo que pudimos y abandonamos aquel lugar lo más deprisa que nos permitieron nuestras piernas.

Luchamos entre aquellas derruídas piedras de otro tiempo, ya fuera con la espada o con el poder de la magia, mientras procurábamos no dejar a nadie atrás. Perdí un buen par de engendros de hueso en la lucha. Las marionetas de Grenth cumplieron bien su misión y permitieron que su Siervo escapase de aquellos pasadizos.

Más tarde, los fantasmas volvieron a intentar atraparnos en la llanura. Sus capitanes gesticulaban órdenes hace tiempo olvidadas mientras los aparecidos nos acosaban como hubieran hecho con los Charr en la batalla final. Supliqué al Segador que me concediera su poder e invoqué una Sierpe de osamentas para proteger al grupo, al tiempo que buscaba una posición ventajosa para nosotros en aquella hondonada. Entonces ocurrió algo...

No supimos exactamente por qué, pero uno de los nuestros, el petimetre denominado Delenor pareció sufrir algún tipo de convulsiones al contacto con los fantasmas de Ascalon. Su cuerpo inconsciente fue recogido por los más fuertes del grupo mientras los demás nos batíamos en retirada. Es curioso, pero el ataque cesó en cuanto nos alejamos con él a través de la llanura.

Ahora, a salvo en la población Charr de Ashford, no dejo de pensar en ello mientras atienden al pobre desgraciado. Los espectros nos atacaron estando él en el grupo y fue el objetivo prioritario de su ataque.

¿Por qué a él precisamente? ¿Sería su manifiesta debilidad o hay alguna razón oculta en el alma de este hombre? Habrá que estar atento si sufre más ataques similares...o si sufre algún cambio en su comportamiento.

Sea como sea, la misión ha sido un fracaso y retornaremos a Linde de la Divinidad. Drascir guardará sus secretos durante más tiempo...

En las ruinas del Gran Muro (Diario de Amón Hoteph)

- Gran Muro del Norte, Estación del Céfiro -

Un silencio casi absoluto reina entre las ruinas de lo que fuera el Gran Muro del Norte, roto tan sólo por el silbido del viento entre sus abandonadas arquivoltas. El silencio se impone también entre los miembros de la expedición, sobrecogidos por la magnitud de los hechos que aquí acontecieron hace más de dos siglos, pues fue en este mismo lugar donde se fraguó la catástrofe que cayó sobre el orgulloso reino de Ascalon.

Bryan cree que entre estas ruinas podríamos hallar algunas pistas que nos pondrían ayudar en nuestra incursión a la ciudad de Rin. Puede ser, pues en este lugar se guardaban contraseñas y llaves que las tropas del Rey Aldelbern utilizaban para acceder a distintos puestos de guardia en la mayoría de las ciudades de Ascalon.

En cualquier caso, la sola visita este lugar merece la pena porque se que mi antepasado Nem Hoteph anduvo por estos pagos antes de abandonar definitivamente el reino en su éxodo al Sur con las huestes que acompañaron al Príncipe Rurik.

Quizá él también dejara alguna pista que yo podría hallar...si Grenth así lo desea.

Compañeros de viaje (Diario de Amón Hoteph)

- Llanuras de Ashford, Estación del Céfiro -

Esta misión me ha reportado extraños compañeros, unidos por los más variopintos intereses. La sola mención de botín y reliquias del Antiguo Ascalon ya de por sí es garantía de una buen número de oportunistas, pero esto va más allá y hay implicados muchos más intereses de lo que parece a simple vista.

En primer lugar, está una misteriosa mujer con modales educados y ropas finas que guarda silencio constantemente pero que las pocas veces que habla demuestra unos conocimientos y un intelecto fuera de lo común. Me jugaría el cuello a que es un miembro del Priorato de Durmand de incógnito.

En segundo lugar, está un individuo que lleva armadura y una espada, así como una aparente falta de sesera en su cabeza. Delenor, creo que se llama, y parece un noblecillo malcriado que no sabe estar en silencio en ningún instante, siempre haciendo preguntas insidiosas y fuera de lugar. Podría decirse que va de excursión por tierras de los Charr y que todo esto le trae al pairo, pero también podría ser todo lo contrario. En cualquier caso, creo que será un peligro para nosotros si no sabe estar a la altura cuando las cosas se pongan feas.

Nuestra niñera particular se llama Murethor y es un charr con muy malas pulgas. Ha sido asignado al grupo por sus superiores y no tiene el más minimo sentido del humor ni ganas de contribuir al éxito de la misión. Todo un amor, sin duda.

En cuanto al resto, bueno, hay un golemante asura, un par de mercenarios y otros tantos eruditos cuyos nombres no he llegado a conocer, unidos a la causa por sus propios intereses personales pero con los cuales no he trabado apenas contacto.

Con el que parezco haber congeniado es con un individuo que a todas luces es un aventurero libre llamado Edwin Vancléef, un tipo vestido con una llamativa casaca de color rojo, una espada al cinto y una moderna arma de fuego. Le mueve el interés del botín y de la aventura en general, pero parece carecer de las ocultas ambiciones de nuestros comunes amigos, siendo con diferencia un individuo predecible y fiable hasta cierto punto, una espada en la que confiar si las cosas se tuercen demasiado en el lugar al cual nos dirigimos.

Esta va a ser nuestra compañía a lo largo gel viaje, un grupo heterogéneo y poco consolidado que espero no se convierta en una trampa mortal .

La llegada a la Ciudadela Negra (Diario de Amón Hoteph)


- Ciudadela Negra, Estación del Céfiro -

Atravesamos la Puerta Asura de los jardines del congreso para llegar a la Ciudadela Negra, lugar donde nos esperarían nuestro guía y nuestro salvoconducto para atravesar con seguridad los páramos. La capital Charr, edificada sobre las ruinas de la propia capital humana de Rin, es una enorme mole de metal rugiente cuyos negros humos, provenientes de sus numerosas forjas e instalaciones industriales, ensombrecen el aire de la mañana.

No hemos tenido tiempo de visitar este sitio, de lo cual todavía no se si alegrarme o no, pues nuestra escolta, un Charr bastante desagradable, nos estaba esperando en nuestro punto de llegada y nos guió rápidamente hacia una de las puertas de la ciudad tras pasar lista y comprobar los permisos. Él sería nuestro salvoconducto para atravesar los territorios Charr sin percances y disfrutaríamos de su desagradable compañía durante el resto de nuestro azaroso viaje por las tierras donde una vez gobernó el hombre.

Un viaje interesante (Diario de Amón Hoteph)

- Linde de la Divinidad, Estación del Céfiro -

"Se buscan lanzas libres para organizar una expedición de búsqueda en Ascalon, competentes y dispuestos a ponerse en situación de riesgo, preferiblemente que no tengan mucho reparo en enfrentarse a fantasmas. Honorarios a negociar individualmente.

Preguntar por Bryan Rainey en la Jarra Rota."

La nota, pulcramente escrita en krytano, colgaba de uno de los postes de La Jarra Rota en Linde de la Divinidad, y me hubiera pasado desapercibida de no ser porque la palabra "Ascalon" parecía llamarme poderosamente la atención, como si una intención oculta estuviera mostrándome un presagio especialmente dirigido a mí.

Desde hace un tiempo, he tenido extrañas revelaciones que no dudo en atribuir el propio Grenth, ecos extraños de una llamada mucho más antigua que yo mismo. He soñado con el Antiguo Ascalon otra vez en los últimos días, con su primera Devastación y su posterior ruina a manos de los Charr, las mismas criaturas con las cuales mantenemos una frágil paz o, como dicen algunos, una tregua para el descanso. Influenciado quizá por los terribles acontecimientos que acontecieron en Arco del León hace ya un mes, he dormido bastante mal desde entonces.

Ahora, una nueva oportunidad se abre ante mis pies, en forma de una expedición a las tierras de los Charr, a los restos de lo que fuera el Antiguo Ascalon. El tal Bryan parece ser un tipo bastante de fiar y, lo más importante, parece saber lo que se hace. En unas tierras como aquellas, llenas de peligros y de fantasmas, ese detalle puede suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Reflexiones (Diario de Suwo Jin)

- Feudo del Brujo, Estación del Céfiro -

La inmensa mole de la isla voladora es visible desde las colinas que dominan Garenhoff, un lugar donde la guardia ha sido sustituida por elementales de piedra domesticados por un poderoso hechicero. Sus habitantes afirman orgullosos que su población es el lugar más seguro de Tyria y probablemente tengan razón, pues los elementales de piedra y de hielo domesticados por el mago Isgarren son una inquebrantable guarida ajena al sueño o al dolor.

Isgarren el mago bien podía haber intervenido cuando la alianza Tóxica erigió la Torre de las Pesadillas en el  Lago Viatham, pero el muy cobarde prefirió permanecer en la vergonzosa seguridad de su torre flotante a la espera de que otros se enfrentaran con la amenaza. No entiendo cómo alguien que ofrece su protección a las gentes Kessex no quiso involucrarse en la contienda mientras que el Priorato de Durmand movilizó a su gente desde las lejanas Montañas Picosescalofriantes. Muchos murieron en sus traicioneras entrañas.

Es increíble cómo el poder corrompe a la gente.

Hogar (Diario de Amón Hoteph)

- Ruinas de Arco del León, Estación del Coloso -

La traidora al reino de Kryta, Scarlett, ha sido por fin destruida y sus planes frustrados. La ciudad de Arco del León vuelve a estar de nuevo libre de la amenaza, aunque las pérdidas han sido numerosas. Despojos, mugre y cenizas es todo lo que queda ahora de la ciudad portuaria que me vio crecer.

Casi todo lo que conocía aquí ha desaparecido, incluida la que fue mi casa. La biblioteca de mi contacto en el Priorato de Durmand ya no existe. No queda nada aquí para mi, pues el fuego o los saqueos han terminado por devorar los barrios y las calles por donde una vez anduve. La desolación es absoluta y los monumentos funerarios apenas pueden admitir más exvotos y recordatorios de los fallecidos o desaparecidos.

Grenth estará satisfecho con la cosecha de almas en este lugar, pues ha sido abundante, no cabe duda.

Poco a poco, la ciudad volverá a ser reconstruida y habitable de nuevo, mas ya no creo que pueda considerarla mi hogar nunca más. Ahora empiezo a entender la frustración de los ascalonianos cuando perdieron el suyo a manos de los Charr. Debo abandonar este lugar, como hiciera mi antepasado Nem Hoteph El Brujo en el lejano Ascalon.

Ya no queda nada aquí para mí. Regreso a Linde de la Divinidad.